lunes, 7 de diciembre de 2009

TRANSPARENCIA: CONOCER LA NATURALEZA HUMANA


“Nuestra conducta es la única prueba
de la sinceridad de nuestro corazón”
Charles Thomson Rees Wilson (1869 - 1959)


Te extrañará lo que te voy a decir, mi joven amiga, pero debes saber que tu cuerpo entero es expresión de lo que eres: cada semblante, cada pliegue de tu piel, cada detalle que dejas inadvertido, cada postura, cada palabra, cada mirada… Y la forma en que gesticulas, en que te mueves, en que hablas, en que miras… Te expresas también en lo que no dices, en lo que no haces, en lo que no miras… Y te defines en lo que rechazas, en lo que odias, en lo que amas o en lo que temes… Todo habla de ti… En cada segundo de tu vida hay una sinfonía de gestos que muestra tu esencia, digna de ser escuchada.

Y ¿cómo llegar a entender el sutil lenguaje del movimiento y de todo lo mutable? ¿Cómo comprender al ser humano? ¿Cómo comprenderte a ti misma? Es muy fácil: bastará con que te sumerjas a fondo en la piel y en el alma de unos pocos seres humanos para que cualquier otro te resulte familiar y cercano. Pero deberás entregarte total y rotundamente en cada uno de sus detalles -incluso los más ínfimos y aparentemente intrascendentes-, hasta sentir su grandeza y su miseria, hasta extasiarte en su alegría y asfixiarte en su dolor… hasta creer que tú ya no eres tú misma. Algo muy fácil, pero que requiere de una voluntad extraordinariamente generosa. Algo tan fácil como difícil, pero que puede cambiar tu vida por completo.

No esperes, sin embargo, conocer a nadie por completo. Si pones el debido empeño, conseguirás conocer aquello que complace a tu curiosidad, a tu naturaleza y a tu bien. Cuanto más alimentes tu curiosidad y más satisfecha se vea tu naturaleza, mayor conocimiento alcanzarás del ser humano ajeno.

Por último, no olvides que el camino más directo al conocimiento del hombre es el conocimiento de uno mismo, aunque tal vez sea este el camino más lleno de maleza, por cuanto lo que no perdonamos en el ser ajeno lo pasamos por alto en nosotros mismos.

Descubrir -sea lo que sea- es siempre un viaje lleno de emociones. Desvelar la naturaleza humana es una travesía apasionante. Nuestro futuro -el de cada uno de nosotros y el de la humanidad en su conjunto- será merecedor de la grandeza o estará abocado a la miseria en función de lo bien que hagamos dichos recorridos ineludibles. Bien lo sabían los antiguos maestros…

Emilio M.
Homo Novus

jueves, 26 de noviembre de 2009

UN MOTIVO PARA LA GLORIA (DE LA CIERTA INCERTIDUMBRE DE LA VIDA HUMANA)


"El ave canta aunque la rama cruja,
porque conoce lo que son sus alas"
José Santos Chocano (1875 - 1934)

Me voy a permitir darte una pequeña lección con la mejor intención y el mayor cariño. Tal vez sea la más importante que se te pueda dar en este momento tan crucial de tu vida. Me gustaría hacerte comprender que, en la vida, lo importante no son las certezas sino la astucia, la imaginación y la valentía con la que te aventures en tus incertidumbres. Tal vez, la mayor certeza de nuestra vida sea -precisamente- lo incierto de nuestro conocimiento, lo errático de nuestros actos y lo impredecible de nuestro futuro. La certeza no existe: es tan solo una quimera. Esa es la verdadera naturaleza de la vida y cuanto antes lo aceptes, lo asumas, te acomodes y disfrutes de ello, antes podrás aprovechar todos sus encantos.

No debes temer al destino porque el destino, al igual que un espejo, tan solo reflejará lo que tú le muestres. No te sientas contrariada al comprobar que te faltan certidumbres sobre las que construir tu futuro. Por mucho que lo intentes, tu futuro jamás se basará en las certidumbres que le puedas entregar, sino en tu espíritu aventurero y confiado: se basará en la confianza de saber que siempre habrá una salida honrosa y un motivo para la gloria. ¡Siempre!

Nunca olvides que tu mundo tan solo ocupa una millonésima parte del espacio que tu mente puede llegar a percibir y albergar. La vida está llena de puertas -miles de puertas cerradas- que están esperando a que las empujes. Detrás de cada puerta hay una oportunidad y un peligro. Aprovecharás la oportunidad si actúas con valentía y esfuerzo (pero no con precipitación y temeridad). Por otra parte, el mayor peligro que te puedes encontrar no estará detrás de la puerta: se esconderá en ti misma, y tiene un nombre de relativa gravedad: miedo. El miedo y la falta de confianza pueden cerrarte todas las puertas. Y también pueden llegar a ser la más pesada de tus cadenas.

Emilio M.
Homo Novus

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lunes, 9 de noviembre de 2009

LA MENTE DEL CREADOR. 2. EL FACTOR ACTITUDINAL: DE LO HUMANO A LO SUPREMO (Primera Parte)

¿Dónde residen las claves para superar nuestras limitaciones y desarrollar todo nuestro potencial? ¿Qué es aquello que puede hacer que aprovechemos todas las posibilidades que nos ofrece nuestra inteligencia y la singular ventaja que tenemos los seres humanos de ser conscientes de nuestra propia existencia?


“El hombre se eleva por la inteligencia
pero no es hombre más que por el corazón”
Henry F. Amiel (1821 - 1881)

“El hombre vulgar espera lo bueno y lo malo del exterior.
El hombre que piensa lo espera de sí mismo”
Antón Chéjov (1860 - 1904)


Después de realizar una serie de reflexiones sobre la naturaleza del principal factor que nos permitió diferenciarnos del resto de los animales -LA MENTE DEL CREADOR (CONSCIENCIA E INTELIGENCIA)-, terminaba la primera parte de esta entrada proponiendo la revisión de una serie de CLAVES que nos permitan alcanzar todo el POTENCIAL DE NUESTRA SUPERIOR INTELIGENCIA.

Estas claves, como se verá más adelante, no inciden en el mero proceso mecánico que rige la maravillosa herramienta que nos ha sido concedida, sino en el mismo uso que hacemos de ella, en la INTENCIÓN que nos mueve y en la ACTITUD con la que afrontamos su aprovechamiento. Es lo que he llamado el FACTOR ACTITUDINAL. Realmente, podríamos decir que hay más de una inteligencia, o que la inteligencia se estructura en más de un nivel de consciencia o escala jerárquica. Podríamos decir, incluso, que hay más de una inteligencia, aunque considero que esta afirmación confunde más que aclara. Este factor, que llamo actitudinal, fue -en mi opinión- la PIEDRA ANGULAR que puede explicar el milagro del RENACIMIENTO. Y fue el factor que explica la gran aceleración que se produjo en el proceso de ENRIQUECIMIENTO DEL CONOCIMIENTO HUMANO, o en la -mucho más lenta- LIBERACIÓN DE LA MENTE DE COMPLEJOS, PREJUICIOS Y DEPENDENCIAS externas al propio ser humano, o en EL FORTALECIMIENTO DE UN ESPÍRITU DE DESBORDANTE OPTIMISMO, posteriormente muy matizado y diezmado.

Por último, quisiera que se tuviera en cuenta el CARÁCTER APROXIMATIVO de esta reflexión, que se ha hecho sin el recurso a una documentación concreta alguna, y que es posible gracias al atesoramiento de conocimientos del autor y a su propia reflexión personal. Vuelvo a insistir en la especial mención que merecen nuestros CLÁSICOS DEL RENACIMIENTO -ITALIANO O NO- que con su VISIÓN ENTUSIASTA Y UN TANTO IDEALIZADA de las posibilidades del ser humano permitió dar un giro trascendental a la historia de la humanidad. En la siguiente síntesis, por tanto, se encuentran contenidas las mejores SEMILLAS que inspiraron el ESPÍRITU DEL RENACIMIENTO, alguna de las cuales sería necesario rescatar y diseminar por toda la humanidad actual.

Las claves mencionadas se pueden agrupar en los cinco SIGUIENTES CAPÍTULOS:
  1. Ejercer de nosotros mismos sin temor.
  2. Desarrollar nuestra creatividad.
  3. Estructurar el conocimiento.
  4. Hacer realidad el futuro imaginado.
  5. Saber gestionar el éxito y el fracaso.
En la próxima última entrada de este post (no más tarde de una semana desde el actual), enumeraré y explicaré sucintamente cada una de las claves que se engloban en estos capítulos.

Emilio M.
Homo Novus

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2001. Una odisea en el espacio. Escena del nacimiento del hombre (con audio).
(por Coldshouldermulder)


lunes, 28 de septiembre de 2009

LA MENTE DEL CREADOR. 1. CONSCIENCIA E INTELIGENCIA: DE LO ANIMAL A LO HUMANO

¿Dónde residen las claves para superar nuestras limitaciones y desarrollar todo nuestro potencial? ¿Qué es aquello que puede hacer que aprovechemos todas las posibilidades que nos ofrece nuestra inteligencia y la singular ventaja que tenemos los seres humanos de ser conscientes de nuestra propia existencia?

"Pensar es como vivir dos veces."
Marco Tulio Cicerón (106 a.c. - 43 a.c.)

“La mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual
muy superior al ejercicio que hacen de ella”
José Ortega y Gasset (1883 - 1955)

Hace unos días, intentando ilustrar mi convicción de que la clave de toda nuestra existencia y de todo lo que podemos llegar a conseguir en nuestra vida depende, no ya de lo que hagamos, sino de lo que pensemos, recurrí a una escena de la mítica película “2001. Una odisea en el espacio” (1968) de los geniales Stanley Kubrick (productor, director y coguionista) y Arthur C. Clark (coguionista, y autor de la novela corta “El Centinela”, en la que ambos se basaron para hacer el guión).

La escena de la película a la que me refiero es la que sigue a continuación. La película en sí misma es toda una reflexión visual muy compleja sobre el hombre, y muy abierta a todo tipo de interpretaciones. Por esta razón, es aplaudida tanto como es denostada. Apasiona con la misma facilidad que aburre. Pido un “click” en el video y una reflexión para quien haya llegado hasta aquí sin asustarse.


2001. Una odisea en el espacio. Escena del nacimiento del hombre (extendido y sin audio)
(por educaNT)



Antes de nada debo aclarar -para evitar sesgos en la interpretación de lo que digo- que la importancia de lo que hagamos es rotunda, pero más trascendencia tiene aún lo que pensemos. La lógica es muy sencilla: todos los actos que dependen de nuestra voluntad, los que guían conscientemente nuestra existencia, son antes pensados. Por eso, podremos tener más o menos éxito en conseguir lo que pensemos. Pero algo que no pensemos, jamás lo podremos conseguir (salvo que intervengan puntualmente la casualidad y la fortuna, por supuesto). De esta manera, si nos planteamos llegar a la luna, podremos conseguirlo o no, pero si no nos lo planteamos (si no lo tenemos en la mente: si no tenemos la intención y disposición) jamás lo haremos. Y acepto que alguien me diga que puede venir un extra-terrestre y llevarnos allí. Por supuesto…

En mi opinión -muy personal, como no podía ser de otra manera en este caso- lo que los guionistas están describiendo en la escena de ese video es, de alguna manera, el salto cualitativo que supuso el desarrollo de la inteligencia en el hombre. La inteligencia es el hecho diferencial respecto al resto de los animales. ¿Y en qué consiste esto? ¿Cuándo se puede decir que el hombre fue diferencialmente inteligente respecto del resto de los animales? En mi opinión –también-, cuando tomó conciencia de su existencia individual, de su singularidad. Porque solo cuando tomó conciencia de su propia existencia pudo actuar sobre ella. Solo cuando se descubrió a sí mismo en el mundo, se juzgo y decidió lo que quería hacer de su vida, empezó a idear la forma de conseguirlo: había un motivo para pensar, para seguir descubriendo, para idear, para soñar y para hacer todo ello realidad. Vivir se convirtió en resultado de la voluntad. Veámoslo un poco más detenidamente.

Un animal actúa, fundamentalmente, en función de la naturaleza propia que ha heredado. En otras palabras: no cuestiona su naturaleza, sino que la vive sin más. Un león (más bien una leona, que es quien se lo trabaja) caza al tener hambre sin preguntarse por qué tiene hambre ni por qué necesita acabar con la vida de otros seres para dejar de tener hambre. Un animal, simplemente, es. Por el contrario, un ser humano, al tomar conciencia de su propia existencia se interroga por las razones de su forma de ser (se descubre a sí mismo) y, lo que es más importante, las cuestiona. Y lo que es aún todavía más importante: las intenta superar. Intenta superar sus limitaciones, intenta ir más allá del papel que su naturaleza le ha otorgado e intenta modificar su propio comportamiento para ser como él mismo quiere ser: intenta reformularse, modificar su inicial naturaleza, y convertirse en creador de si mismo y de entidades anteriormente inexistentes, fruto del deseo y de la imaginación. Intenta jugar a ser un dios, aunque sea un dios con minúsculas muy minúsculas, de posibilidades limitadas. Y lo cierto es que no le ha ido mal en algunos aspectos, aunque habiendo hecho lo más difícil, se ha quedado a medias (algo que sigue siendo todavía hoy, muy humano). Seguimos siendo animales cautivos de nuestro instinto en ese temor ancestral en aventurarnos hacia nuestras enormes e insospechadas posibilidades. Solo unos pocos sabios se atreven.

¿Dónde residen las claves para superar nuestra “mediocridad” y desarrollar todo nuestro potencial? ¿Qué es lo que puede hacer que aprovechemos todas las posibilidades que nos ofrece nuestra inteligencia y la singular ventaja que tenemos los seres humanos al ser conscientes de nuestra propia existencia?

Una vez puestas las bases, lo trataremos en el siguiente post, con la inestimable ayuda y el gran ejemplo de nuestros maestros del Renacimiento…

Emilio M.
Homo Novus

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sábado, 29 de agosto de 2009

DE LA GRANDEZA DEL ESPÍRITU HUMANO (AL EJEMPLO DE LOS ANTIGUOS)

(A mi preciosa y querida sobrina, Raquel
en quien reconozco la belleza de la adolescencia
y el fogoso esplendor de la vida misma,
esperando que estas palabras le terminen por ayudar
a encontrar -algún día- una nueva forma de mirar el mundo
y un camino para descubrir la magia
y la fuerza que habita en su interior)


“Anime belle e di virtude amiche
terrano il mondo, e poi vedrem lui farsi
aureo tutto e pien de l’opre antiche”

“Almas bellas y amigas de la virtud
poblarán el mundo, y luego veremos hacerse
todo aúreo y lleno de las obras antiguas”

Francesco Petrarca (1304-1374)


Sé muy bien que, por mucho que me esfuerce, comparado con esos genios y maestros del Renacimiento -junto a los que tan profundamente me he emocionado en los últimos posts-, tan solo soy una tenue sombra. Ni hace falta que alguien me tenga que recordar lo humilde de mis realizaciones, cuyo recuerdo se extinguirá al poco de yo desaparecer.

Reconozco también que mi talento es tan limitado como lo son mis obras -justa proporción de mi abreviada humanidad- Por eso, cuando leo a estos doctores del saber, mi asombro crece hasta la pura emoción; mi júbilo se desborda; y mi entusiasmo reclama de este inquieto espíritu mío una entrega incondicional. Ciertamente, mis modestas posibilidades jamás serán motivo de dejación y abandono, sino de empeño y tesón.

Siendo buen conocedor de todas mis ciertas limitaciones -que ni me ofenden, ni me molestan, ni me estorban-, y aceptando con exaltado orgullo el ardor y la sabiduría de esos maestros en el arte de vivir con dignidad –majestuoso arte que me motiva y me complace-, no me puedo permitir el lujo de permanecer ajeno a los elevados empeños que les inspiraron en vida, reflejo de esa sagrada llama que habita nuestro pecho… que arde y se consume en nuestros mejores ideales y en nuestros más ansiados sueños… que inflama nuestros actos, pletóricos de certidumbre y osadía… De esa llama, sí… Y de esa voz interior apenas perceptible bajo el bullicio de nuestros quehaceres ordinarios… Esa voz que nos acerca a ese otro yo –que también somos nosotros- en el que las magnas obras son el fruto seguro y necesario del esfuerzo que recorre toda nuestra vida.

Soy consciente de mi osadía que, tal vez, ofenda a quien se acerca hasta estas líneas. Pero este empeño en crecer por encima de mi escaso talento no está motivado en la necesidad de compararme, igualarme o aventajar a los antiguos. Tampoco me motiva el deseo de convertirme en referencia o ejemplo de mis contemporáneos -pretensiones inútiles de por sí-. Si acaso, me mueve la necesidad de hacer una humilde contribución a ese gran ideal, compartido con ellos, de hacer del ser humano -de mí mismo- un ser intelectual y moralmente más digno. Es nuestro deber vivir a la altura de las capacidades que recibimos al nacer y de la libertad de elección que se nos otorgó -también de hacer el bien o el mal-.

Si se me permite esta pequeña vanidad, debo reconocer que mis actos y mi voluntad también son víctimas de una sana e irresistible atracción por la belleza en cualquiera de sus manifestaciones. Tal vez por creer que todo lo bueno y majestuoso es obligadamente bello.

Con los argumentos aquí esgrimidos, doy por justificada mi osadía, que no se razona por una vana necesidad de gloria sino por una firme creencia en la grandeza del espíritu humano, mucho más allá de lo demostrado hasta ahora… Mucho más elevado si aceptamos que el término humano es sinónimo de recto y ético proceder.

En este noble afán doy razón de mi misma existencia. Y en estas páginas, en todos mis escritos y en todas mis obras (¡a pesar de todo, tantas veces erradas!) doy sentido y cauce a mi fe y a mi destino.

Emilio M.
Homo Novus


“«Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme».
Está firme tanto para la adversidad como para la prosperidad,
se mantiene firme tanto para las cosas humildes
como para las más elevadas”

San Bernardo (1091-1153)

domingo, 16 de agosto de 2009

RENACIMIENTO: ¿UN SUEÑO DESMENTIDO? (SEGUNDA PARTE)


“Un gran milagro es el hombre...”

“Magnum miraculum est homo...”

Giovanni Pico della Mirandola (1463 – 1494)




No es de extrañar que estos hombres de los que estamos hablando se pusieran metas extraordinariamente exigentes. El entusiasmo es una droga con efectos secundarios, y el exceso de optimismo -o el exceso de confianza- se encuentran entre ellos. No debe olvidarse que el Renacimiento fue un movimiento culto, protagonizado por un grupo reducido de personas, y seguido de forma muy limitada por sus contemporáneos, que prácticamente continuaban viviendo en la Edad Media. Por esta razón, fuera de las elites que vivieron el Renacimiento como tal, la participación de la sociedad fue escasa y nunca se produjo un movimiento de masas. Tampoco hubo un gran cambio de mentalidad en la sociedad y en el ser humano de la época.


En otras palabras, el alcance de los cambios que consiguió el hombre renacentista fue siempre limitado, al contrario que la fe y el entusiasmo que puso en ello. Coincido totalmente con Rafael Argullol en la existencia de ese desaliento, el “del despertar tras un sueño desmentido”. Era el desaliento de quien se había propuesto revolucionar el mundo y, al final, se encontraba con un mundo que vivía de espaldas a sus realizaciones. Nada más humano y comprensible desalentarse…


Sin embargo, estamos obligados a mirar la historia con perspectiva y capacidad de penetración. Si lo hacemos así, sacaremos dos conclusiones muy enriquecedoras:

La primera conclusión es que los logros alcanzados, aún tardando mucho tiempo en ser asimilados por la sociedad, fueron enormes y duraderos. No solo hubo una revolución en el arte, la arquitectura, la ciencia… también la hubo -y esto es mucho más importante- en la mentalidad, aunque este cambio fuera más lento y progresivo. A partir de entonces, el ser humano renovado que proyectó el Renacimiento, se constituyó en referente de cualquier renacimiento, del espíritu positivo y de la energía inagotable. Y su ejemplo perdurará por los siglos de los siglos…

La segunda conclusión es que cualquier revolución -cualquier renacimiento- que afecte a la mentalidad del tejido social (valores, aspiraciones, gustos, visiones…), requiere del derroche de una energía extraordinaria en pos de unas metas -casi- imposibles. Y todo ello para conseguir unos resultados que solo fructificarán limitada y lentamente.

Es cierto que los grandes cambios sociales (los que afectan al conjunto de la sociedad) solo se producen lentamente y después de superar grandísimos escollos, especialmente los que se refieren a nuestro natural conservadurismo, escepticismo y falta de interés. Por así decirlo, quien este motivado en revolucionar el lento avance del devenir humano, debe plantearse lanzar la escala a treinta metros de altura para conseguir asegurarla a diez modestos metros.

Las realizaciones del ser humano en el Renacimiento fueron sencillamente extraordinarias. Extraordinarias por lo conseguido en la propia época y extraordinarias por la semilla tan fecunda que sembraron o el ejemplo imborrable que dieron. Simplemente, iniciaron un giro que por muy modesto que se pueda considerar, cambio el mundo a mejor.

Tal vez, los protagonistas del Quattrocento italiano sintieron ese desaliento por el sueño desmentido, y fue así porque usaron una vara descomunalmente alargada para medir sus realizaciones. Pero si tomamos como marco de referencia el bien que hicieron a la humanidad, solo podemos estar orgullos y alegres por esos extraordinarios seres humanos.

Ellos ciertamente son la base de la confianza que siento por mí mismo, por el mundo en el que vivimos y por la posibilidad cierta de que precisamente este mundo vuelva a dar un giro que mejore aspectos como el respeto a la naturaleza y a todos los seres vivos o la solidaridad y la cooperación entre todos los pueblos. Por ellos siento un exacerbado orgullo y un agradecimiento sin límites. Un orgullo que me hace iniciar confiado el día, que me permite caminar altivo allá por donde paso y que me motiva a contagiar mi entusiasmo y una sana ambición sin límites a cualquiera que encuentro a mí alrededor.

Cualquier cosa que nos propongamos es posible… aunque nosotros no seamos los primeros en conseguirlo… Lo que siempre podremos hacer es marcar el buen camino. En eso estamos…

Emilio M.
Homo Novus

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martes, 4 de agosto de 2009

RENACIMIENTO: ¿UN SUEÑO DESMENTIDO? (PRIMERA PARTE)

“No posee el total hábito
sino quien se halla en lo extremo
del arte y de la vida”

“Non ha l`habito intero
prima alcun, c’ha l’estremo
dell’arte et Della vita”

Michelangelo Buonarroti (Miguel Ángel) (1475-1564)




“La extraordinaria energía del Quattrocento todavía se extendería hacia los primeros decenios del siglo siguiente [en referencia al siglo XV] e, incluso, culminará en los proyectos de Leonardo [da Vinci] y Miguel Ángel [Buonarroti], pero incrustada en esta energía -y, a veces, por una fecunda paradoja, fructificándola- late, cada vez con más violencia, el desaliento del despertar tras un sueño desmentido.”

“El Quattrocento, arte y cultura del Renacimiento italiano”
Rafael Argullol


He leído en el excelente libro de Rafael Argullol este comentario que, más allá de su gran acierto, merece ser objeto de una serie de consideraciones para mantener una visión especialmente positiva de aquella época extraordinaria que vivió la península italiana y, especialmente, la República de Florencia.

Lo primero que debo confirmar es que aquella época fue, ante todo, un periodo en el que se revolucionó el pensamiento -la forma en que el ser humano asumía su humanidad- y que se desplegó una descomunal energía creativa a todos los niveles. Bien es cierto que no ocurrió en todas las capas de la población, y que fue un fenómeno asociado a los sectores más cultos de la población. Pero esto no nos debe extrañar pues todos los movimientos innovadores prenden inicialmente en grupos reducidos y de gran iniciativa. Lo más importante siempre es el legado que dejan y, en este caso, su herencia es sencillamente deslumbrante…

Este inagotable y excedido derroche de energía fue motivado -como no podía ser de otra manera- por el entusiasmo. Un entusiasmo sin límites fruto de la seguridad derivada de su creencia en que habían recuperado la senda perdida del conocimiento, del arte, de la belleza, de la ética y de otras muchas más cosas. Y creían que lo habían conseguido después de un periodo en el cual la cultura había ido en retroceso y se había enquistado en planteamientos tan rígidos como oscuros y poco útiles e ingratos.

El hombre del Renacimiento lo era precisamente por ser consciente del renacer de la cultura hacia formas más humanas, fructíferas y gozosas., a la vez que perfeccionadas. Tal fue su fe y su entusiasmo -su certidumbre y su confianza-. Y creyó ser capaz de conseguir cualquier cosa que se propusiera, incluso la perfección de todo lo que iniciara (basta echar un vistazo a los escritos de, por ejemplo, León Battista Alberti -1404 a 1472-). De esta manera, el inspirado hombre del Renacimiento hizo del ser humano el centro del universo, sin necesidad de excluir a Dios de su cosmovisión, pero creyendo que todo debía estar a su servicio: para su bien espiritual y para su provecho material. Un ser humano no solo confiado, también optimista, positivo, curioso, preocupado, moralmente comprometido con su mundo, creativo, exuberante, apasionado…. ¡y tremendamente apasionante…!

Realmente, los protagonistas del Renacimiento italiano eran conscientes de que estaban viviendo y protagonizando un momento histórico excepcional. Y su contagiosa excitación era tal que se pusieron unas metas que no sé si calificar de inalcanzables, pero que -es seguro- resultaban extraordinariamente exigentes. Eso les hizo gigantes… y eso nos sigue cautivando y apasionando aún hoy…

¿Ciertamente fue todo aquello un sueño desmentido…? Segunda parte

Emilio M.
Homo Novus

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sábado, 11 de julio de 2009

FLORENCIA. EL ESPÍRITU DEL RENACIMIENTO (Y UN HECHO ASOMBROSO…)

"Nuestra ignorancia se mide, no tanto en lo que no sabemos,
sino en lo que no hacemos por saber"

Suri, Il trovatore



Traigo aquí unos párrafos de dos renacentistas hablando sobre algún aspecto de su época. Destaca por encima de todo, su entusiasmo y su confianza. Poseen –e irradian- un espíritu positivo, un gran deseo de aprender y una suprema predilección por crear, tal y como corresponde al hombre renacentista, que se siente protagonista de su sagrada vida.


“Crece en ti [en la Florencia del siglo XV] una juventud fecunda cultivadora del docto hablar, una multitud expertísima en derecha, que goza en el foro, que es hábil para determinar la medida de lo que es justo, para resolver las dificultades de las leyes. Algunos indagan las causas de las cosas, y los misterios escondidos a los ojos de los hombres. En ellos, en alto discurso, resuena continuamente Platón, y el sublime escolar del pensamiento. Añádele las artes innumerables, presididas por el alto Apolo, que Palas concede generosamente como dones, y que desde pueblos lejanos vienen a admirar y a investigar.”

“Florentía”
Pandolfo Collenuccio (1444-1504)

“Los espíritus superiores, ya desde el inicio [desde su nacimiento] o desde muy poco después, fueron lo que serán por los siglos de los siglos. En el hombre naciente, el padre coloca semillas de todas las especies y gérmenes de toda vida. Y, según como cada cual las cultive, crecerán y darán en él sus frutos.”

“Commentationes”
Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494)

¡Asombroso…!

Me asombra este comentario de Pico de la Mirandola: “el padre coloca semillas de todas las especies”. Tal y como ha descubierto la ciencia moderna (y, por lo tanto, era ignorado en aquella temprana época) en nuestro ADN encontramos el código genético de todos las especies que nos precedieron en la escala evolutiva desde sus orígenes. El genoma humano consta de unos 3.100 millones de pares de bases en el total de sus 23 cromosomas acumulados desde el primer ser vivo. La inmensa mayoría de estas bases no codifica proteínas porque no sirve para hacer de nosotros el ser vivo que concretamente somos. Esta “basura” genética es, precisamente la herencia no usada de los seres vivos de los que procedemos, aunque hay otra gran parte del pequeño resto que si nos es útil. Por último, solo una ínfima parte del código genético nos diferencia del resto de seres vivos, más o menos en función del lugar ocupado en la escala evolutiva. Llevamos, pues, la semilla de todas las especies, como bien intuyó Pico de la Mirandola ¡cinco siglos antes…! Extraordinario…

¡Maravilloso mundo lleno de secretos por descubrir y recrear…! ¡Admirable legado por redescubrir en todos aquellos que nos precedieron…!

Emilio M.
Homo Novus


Robin Speilberg – Canon (Johann Pachelbel)
(por sounds08)


domingo, 21 de junio de 2009

HOMO NOVUS. EL ESPÍRITU DEL RENACIMIENTO (UNA JUSTIFICADAMENTE LARGA INTRODUCCIÓN)


"Te he puesto en el centro del mundo para que puedas mirar más fácilmente a tu alrededor y veas todo lo que contiene. No te he creado ni celestial ni terreno, ni mortal ni inmortal, para que seas libre educador y señor de ti mismo, y te des por ti mismo tu propia forma. Tú puedes degenerar hasta el bruto o, en libre elección, regenerarte hasta lo divino. Sólo tú tienes un desarrollo que depende de tu voluntad y engendras en ti los gérmenes de toda vida"

Discurso sobre la dignidad del hombre
Giovanni Pico della Mirandola

Si bien el término “Homo Novus” (también “Homus Novus”), en su significado original hacía referencia a los nuevos senadores romanos que no procedían de las más antiguas y nobles familias patricias, así como a los artistas y pensadores del renacimiento que se hacían un hueco entre la nobleza de las repúblicas italianas, en esta casa se va a utilizar en su sentido mucho más abierto y positivo, que difiere bastante de ese otro más literal.

Leonardo da Vinci - Testa di Giovinetta
De esta manera, en esta casa, el término “Homo Novus” definirá el espíritu renacentista -un tanto idealizado- del hombre renovado que, en su más elevada formulación, confía en sí mismo, tiene una fe ilimitada en sus posibilidades de conocer el mundo, de interpretarlo y de adaptarlo para su personal disfrute. Ese mismo ser humano que cree tanto en su razón como en su instinto, que no encuentra límite en su pasión por conocer, que ama la belleza deleitándose sin ruborizarse, que se entrega sin pudor al descubrimiento y a la creación. Un ser humano que respeta a su Díos, pero que no vive atemorizado por su presencia, que hace del mundo el escenario donde desarrollar sin tutela sus capacidades, que no se doblega ante nada sino que se enciende para hacer del genio creador su mayor baluarte. Un ser humano tan humildemente humano como sus antecesores -de los que no se siente diferente- pero que no se resigna a hacer de sus debilidades el yugo en el que expiar sus culpas o apagar su ingenio. Un ser humano fogoso, que difícilmente mide su fuerza y las consecuencias de sus actos, pero cuyo desbordado optimismo y su responsable intención le permite confiar en un futuro de progreso sin límites en el que se irán superando todas las dificultades a medida que se presenten. Es, en definitiva, una visión humanista del mundo y del propio hombre (y soy consciente de la ambigüedad del propio término “humanista”). Es el mío -en cierta forma- un nuevo regreso al antiguo saber, al saber de los clásicos, al afán y a la disposición hacia el conocimiento de aquellos que se llamaron a sí mismos “amantes del saber” (filósofos).

Desde aquella época de rupturas -más o menos veladas- resulta incuestionable el gran avance que se ha dado en esas ciencias que podemos llamar “físicas” (este es el gran legado de aquella reinvención del ser humano). También podemos comprobar como se han producido grandes desarrollos en todas las manifestaciones en el mundo de las artes y de las letras.

Sin embargo, es en la ética -en el terreno de la conducta humana y, de forma más amplia y calificada, en el arte del buen vivir- donde se echa de menos un mayor y mejor desarrollo del ser humano, de forma más palpable en su faceta social y de convivencia. Es como si esta parcela del ser humano no hubiera madurado paralelamente a las de esos otros ámbitos de lo humano aquí mencionados. En estos terrenos –en los de la ética y en el del arte del buen vivir-, la necesidad de mejora resulta crucial y las posibilidades de progreso abrumadoras, por muy difícil que resulte cambiar nuestros patrones de conducta. Y aunque no creo en las utopías me serviré de ellas, pues necesitamos plantearnos saltos infinitos para conseguir dar un mísero y solitario paso hacia adelante.

En esta casa que ahora empiezo a construir, voy a tratar -desde un planteamiento eminentemente práctico- del “Homo Novus”, del ser humano renovado, del ser humano que precisa mejorar porque está en juego hasta su propia supervivencia. Y es que creo que debemos replantearnos nuestra existencia para hacer de nuestra vida y de nuestro mundo algo sustancialmente mejor. No es que haya que tirar todo lo anterior por la borda -que no-, es que debemos retomar los provechosos caminos iniciados por “los antiguos”.

Mi mirada, será necesaria y ferozmente crítica, pero siempre positiva y optimista. Y, aunque no obviaré ese sinfín de debilidades que nos habitan, mi aportación se hará desde la alegría y desde la pasión por la vida… por esta vida y este mundo que tanto amo. Precisamente, esa disposición confiada, positiva, optimista y alegre es la única base sobre la que podremos construir un ser humano -un mundo- mejor. Para ello me doto de las mejores armas, que son el afecto y la alegría (vaya mi recuerdo emocionado por el filósofo de la amistad: Epicuro).

Inicio hoy este difícil e incierto recorrido, consciente de sus grandes dificultades y del desgaste que puede suponer.

Emilio Muñoz
Homo Novus

“Nuestra grandeza -y la grandeza de nuestro mundo-
se mide en la ambición de nuestros ideales
y en la exigencia con que nos entregamos a conseguirlos.
La grandeza de esos periodos de la historia
que tanto admiramos reside en la grandeza
de los hombres y mujeres que los protagonizaron”

Emilio Muñoz

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