lunes, 28 de septiembre de 2009

LA MENTE DEL CREADOR. 1. CONSCIENCIA E INTELIGENCIA: DE LO ANIMAL A LO HUMANO

¿Dónde residen las claves para superar nuestras limitaciones y desarrollar todo nuestro potencial? ¿Qué es aquello que puede hacer que aprovechemos todas las posibilidades que nos ofrece nuestra inteligencia y la singular ventaja que tenemos los seres humanos de ser conscientes de nuestra propia existencia?

"Pensar es como vivir dos veces."
Marco Tulio Cicerón (106 a.c. - 43 a.c.)

“La mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual
muy superior al ejercicio que hacen de ella”
José Ortega y Gasset (1883 - 1955)

Hace unos días, intentando ilustrar mi convicción de que la clave de toda nuestra existencia y de todo lo que podemos llegar a conseguir en nuestra vida depende, no ya de lo que hagamos, sino de lo que pensemos, recurrí a una escena de la mítica película “2001. Una odisea en el espacio” (1968) de los geniales Stanley Kubrick (productor, director y coguionista) y Arthur C. Clark (coguionista, y autor de la novela corta “El Centinela”, en la que ambos se basaron para hacer el guión).

La escena de la película a la que me refiero es la que sigue a continuación. La película en sí misma es toda una reflexión visual muy compleja sobre el hombre, y muy abierta a todo tipo de interpretaciones. Por esta razón, es aplaudida tanto como es denostada. Apasiona con la misma facilidad que aburre. Pido un “click” en el video y una reflexión para quien haya llegado hasta aquí sin asustarse.


2001. Una odisea en el espacio. Escena del nacimiento del hombre (extendido y sin audio)
(por educaNT)



Antes de nada debo aclarar -para evitar sesgos en la interpretación de lo que digo- que la importancia de lo que hagamos es rotunda, pero más trascendencia tiene aún lo que pensemos. La lógica es muy sencilla: todos los actos que dependen de nuestra voluntad, los que guían conscientemente nuestra existencia, son antes pensados. Por eso, podremos tener más o menos éxito en conseguir lo que pensemos. Pero algo que no pensemos, jamás lo podremos conseguir (salvo que intervengan puntualmente la casualidad y la fortuna, por supuesto). De esta manera, si nos planteamos llegar a la luna, podremos conseguirlo o no, pero si no nos lo planteamos (si no lo tenemos en la mente: si no tenemos la intención y disposición) jamás lo haremos. Y acepto que alguien me diga que puede venir un extra-terrestre y llevarnos allí. Por supuesto…

En mi opinión -muy personal, como no podía ser de otra manera en este caso- lo que los guionistas están describiendo en la escena de ese video es, de alguna manera, el salto cualitativo que supuso el desarrollo de la inteligencia en el hombre. La inteligencia es el hecho diferencial respecto al resto de los animales. ¿Y en qué consiste esto? ¿Cuándo se puede decir que el hombre fue diferencialmente inteligente respecto del resto de los animales? En mi opinión –también-, cuando tomó conciencia de su existencia individual, de su singularidad. Porque solo cuando tomó conciencia de su propia existencia pudo actuar sobre ella. Solo cuando se descubrió a sí mismo en el mundo, se juzgo y decidió lo que quería hacer de su vida, empezó a idear la forma de conseguirlo: había un motivo para pensar, para seguir descubriendo, para idear, para soñar y para hacer todo ello realidad. Vivir se convirtió en resultado de la voluntad. Veámoslo un poco más detenidamente.

Un animal actúa, fundamentalmente, en función de la naturaleza propia que ha heredado. En otras palabras: no cuestiona su naturaleza, sino que la vive sin más. Un león (más bien una leona, que es quien se lo trabaja) caza al tener hambre sin preguntarse por qué tiene hambre ni por qué necesita acabar con la vida de otros seres para dejar de tener hambre. Un animal, simplemente, es. Por el contrario, un ser humano, al tomar conciencia de su propia existencia se interroga por las razones de su forma de ser (se descubre a sí mismo) y, lo que es más importante, las cuestiona. Y lo que es aún todavía más importante: las intenta superar. Intenta superar sus limitaciones, intenta ir más allá del papel que su naturaleza le ha otorgado e intenta modificar su propio comportamiento para ser como él mismo quiere ser: intenta reformularse, modificar su inicial naturaleza, y convertirse en creador de si mismo y de entidades anteriormente inexistentes, fruto del deseo y de la imaginación. Intenta jugar a ser un dios, aunque sea un dios con minúsculas muy minúsculas, de posibilidades limitadas. Y lo cierto es que no le ha ido mal en algunos aspectos, aunque habiendo hecho lo más difícil, se ha quedado a medias (algo que sigue siendo todavía hoy, muy humano). Seguimos siendo animales cautivos de nuestro instinto en ese temor ancestral en aventurarnos hacia nuestras enormes e insospechadas posibilidades. Solo unos pocos sabios se atreven.

¿Dónde residen las claves para superar nuestra “mediocridad” y desarrollar todo nuestro potencial? ¿Qué es lo que puede hacer que aprovechemos todas las posibilidades que nos ofrece nuestra inteligencia y la singular ventaja que tenemos los seres humanos al ser conscientes de nuestra propia existencia?

Una vez puestas las bases, lo trataremos en el siguiente post, con la inestimable ayuda y el gran ejemplo de nuestros maestros del Renacimiento…

Emilio M.
Homo Novus

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