lunes, 19 de diciembre de 2016

MOTIVACIÓN, ACTITUD Y PROGRESO SOCIAL: POR UNA NUEVA MENTALIDAD REGENERADORA


“Almas bellas y amigas de la virtud
poblarán el mundo y luego veremos hacerse
todo áureo y lleno de las obras antiguas”

Francesco Petrarca (1304 - 1374)


A nivel actitudinal, a menudo RECURRIMOS A TÉCNICAS QUE, EN REALIDAD, SOLO APORTAN MEJORAS MUY HUMILDES E INESTABLES A NUESTRA MOTIVACIÓN. Frecuentemente alguien da con una idea interesante que termina siendo acogida con inusitada ilusión en medios profesionales hasta convertirse en una moda acrítica a la que no se le añade ninguna mejora. Muchas veces tengo la sensación de que nos estamos agarrando “a un clavo ardiendo” para sentir que no nos estancamos o para creernos más enriquecidos intelectualmente. Un ejemplo de ello podría ser la reciente moda de hablar del talento, como si lo hubiéramos descubierto hace unos meses.

En este MUNDO DE URGENCIAS sin límite en el que tanto se valora la rapidez en la actuación, creo que hemos perdido el norte: VIVIMOS DE MIGAJAS MOTIVADORAS (falsos ídolos, como el poder, la fama o el dinero) o visiones engañosas (soluciones mágicas, de usar y tirar, que solo sirven durante un tiempo). Sin embargo, en el fondo, estamos sedientos y hambrientos de propósitos que engarcen con nuestra real y profunda personalidad, y que den respuesta a esa ESENCIAL NECESIDAD DE SENTIDO Y FINALIDAD en nuestra vida. Al final, nos hacemos las mismas preguntas que en la antigüedad clásica: ¿Qué hacemos en este mundo? ¿Para qué vinimos a este mundo? ¿Qué puede hacer de nosotros seres íntegros y felices?

Toda esta reflexión sobre la motivación trae a mi mente el GRAN EJEMPLO DEL RENACIMIENTO ITALIANO, desvelando la razón que dio lugar a una etapa tan increíblemente brillante en la historia de la humanidad (en este caso “occidental”): los hombres y mujeres del Renacimiento encontraron en eso que ahora llamamos humanismo el sentido de sus vidas. Encontraron motivaciones tan innovadoras y contundentes que DESARROLLARON UNA ENERGÍA, UNA CREATIVIDAD, UNA CAPACIDAD DE REALIZACIÓN, QUE AÚN HOY NOS CUESTA MUCHO APRECIAR, ENTENDER E IGUALAR. Este es el caso, por poner un solo ejemplo (tal vez el mejor) de un Leonardo da Vinci. Que nadie se engañe: no fueron las técnicas de entonces (atrasadas, para nuestra época) ni sus rudimentarios conocimientos (primitivos, comparados con los actuales) los que le llevaron a dar ese salto tan impresionante en tantos campos del conocimiento y de forma simultánea. Fue el espíritu del renacimiento, LA PASIÓN POR SABER Y POR CREAR, POR HACER DEL SER HUMANO LIBRE Y PROTAGONISTA DE SU PROPIA VIDA, EL CENTRO DEL MUNDO. Y por hacer del propio mundo un lugar mejor en el que vivir. EL PLACER DE HACER POR EL PURO PLACER DE SENTIR LA EXPERIENCIA DE HACER ALGO BUENO Y BIEN HECHO.

Los FALSOS ÍDOLOS DE NUESTRA MOTIVACIÓN nos han terminado conduciendo inexorablemente al propio fracaso como seres humanos, a la desigualdad, a la insolidaridad y al daño ajeno. Como en los orígenes de nuestra especie, seguimos sintiendo una insana necesidad de sobresalir y prosperar por encima de los demás o, lo que es peor aún, a costa de los demás. NUESTRA MENTALIDAD SIGUE SIENDO TAN PRIMITIVA COMO HACE UN MILLÓN DE AÑOS y no admite que la solidaridad (más allá de los meros lazos de consanguineidad) sea la alternativa más enriquecedora para el ser humano. Y, tal vez, su salvación.

Lo mejor del trabajo nunca puede ser la hora de salir. Por muy humilde que sea la labor que hacemos, el pobre propósito de cumplir con nuestro trabajo debe ser sustituido por EL BIEN QUE NOS HACEMOS A NOSOTROS MISMOS, A NUESTRAS FAMILIAS Y A LA COMUNIDAD EN LA CUAL VIVIMOS. La tediosa repetición de tantos procesos cíclicos debe ser vencida por nuestro natural espíritu innovador: gozar de la creatividad y del mayor bienestar que proporcionamos. La sumisa adhesión a unos hábitos, muy prácticos pero siempre adaptables y mejorables debe ser superada nuestra inquieta inteligencia, mucho más enriquecedora. Nuestro afán competitivo, siempre más pendiente de los demás que de uno mismo debe ser anulada por LA COMPETICIÓN CON UNO MISMO Y LA SOLIDARIDAD CON LOS DEMÁS.

Tal vez, debamos pensar que es imprescindible un CAMBIO EN NUESTRA MENTALIDAD Y EN NUESTRA CULTURA: un cambio que nos permita meditar con serenidad sobre nuestra FORMA DE VIDA y la FORMA EN QUE NOS RELACIONAMOS. Un cambio que nos traiga una mayor satisfacción en lo que hacemos (sea lo que sea), que nos aporte muchas más satisfacciones, y que puede permitir a la humanidad SUPERAR LOS GRANDES RETOS A LOS QUE ACTUALMENTE NOS ENFRENTAMOS, incluido el de nuestra propia supervivencia.

Emilio Muñoz
Homo Novus
(original autentificado)

viernes, 22 de julio de 2016

LA PREGUNTA MÁS INTELIGENTE QUE NOS PODEMOS HACER SOBRE LA INTELIGENCIA


Constantemente nos interrogamos sobre nuestra inteligencia. Hemos hecho grandísimos avances en el conocimiento del funcionamiento de nuestro cerebro. Sin embargo, LO MÁS CRUCIAL PARA LOS CIUDADANOS DE “A PIE” ES HACERNOS LA PREGUNTA ADECUADA y enfocar este asunto de la forma más provechosa.


Tenemos la costumbre de preguntarnos cuán inteligentes somos y hasta nos atrevemos a PONER NOTA A NUESTRA INTELIGENCIA. Me temo que andamos perdidos, tanto en la pregunta que nos hacemos como en la forma de evaluarnos…

El gran Leonardo da Vinci
Damos por hecho que la inteligencia solo es racional (habilidades matemáticas y habilidades lingüísticas) aunque CADA VEZ SOMOS MÁS CONSCIENTES DE QUE TAMBIÉN EXISTE UNA INTELIGENCIA EMOCIONAL. En esto vamos cayendo…

Por otro lado, RECURRIMOS A UNO U OTRO TEST DANDO POR HECHO QUE SON INFALIBLES pero no nos preguntamos si son infalibles quienes los crearon y, por consiguiente, si son infalibles sus obras. Por aquí tampoco vamos muy bien encaminados…

Tal vez DEBERÍAMOS CAMBIAR EL ENFOQUE, como en tantas y tantas y tantas y tantas cosas en las que nos repetimos sin cuestionarnos… Quizás deberíamos pensar en dos aspectos que pueden dar un vuelco a nuestro planteamiento:
  1. Que no es tan decisivo la inteligencia que tenemos como la HABILIDAD CON QUE USAMOS LA INTELIGENCIA QUE TENEMOS, sea mayor o menor. Y la forma en que la usamos está directamente relacionada con la actitud ante la vida: acomodaticia y pasiva (en un extremo) o exigente y proactiva (en el otro). En definitiva, tiene que ver con nuestro CARÁCTER y nuestras MOTIVACIONES, jugando un papel muy importante factores emocionales.
  2. Que NUESTRO NIVEL DE INTELIGENCIA NO ES ESTÁTICO, SINO MUTABLE, que SE PUEDE EDUCAR Y ENTRENAR y que la mejor (pero no la única) forma de hacerlo es, precisamente, USÁNDOLA CON ENTUSIASTA Y DESINHIBIDA EXIGENCIA.
EN RESUMEN, no deberíamos preguntarnos sobre el nivel de nuestra inteligencia. DEBERÍAMOS INTERROGARNOS SOBRE EL USO QUE HACEMOS DE NUESTRA INTELIGENCIA Y LAS INICIATIVAS QUE TOMAMOS PARA CULTIVARLA Y ENRIQUECERLA. Soy de la opinión (que considero que no es arriesgada) de que un sabio como Leonardo da Vinci tenía una inteligencia superior al resto de los mortales. Como creo que fue aún más decisivo su ACTITUD y su EMPEÑO en lo que se refiere a sus asombrosos logros.

Un último apunte: más que ‘inteligencia’ prefiero usar el TÉRMINO ‘INGENIO’. Y lo hago así porque entiendo que la palabra ingenio sugiere de una forma mucho más nítida el papel protagonista de la iniciativa humana. Si el término ‘inteligencia’ hace referencia a una capacidad dada que incita a la aceptación pasiva, es mi opinión que la palabra ‘ingenio’ hace referencia, más o menos explícitamente, a la responsabilidad que tomamos sobre el uso que hacemos de nuestra inteligencia.

Emilio Muñoz
Homo Novus
(original autentificado)

jueves, 9 de junio de 2016

POTENCIAL CREATIVO, CONOCIMIENTO Y LIBERTAD (BIENESTAR Y PRODUCTIVIDAD)


Vivir es aprender
Vivir es reflexionar
Vivir es experimentar
Vivir es crear
Y bien enfocado, vivir es jugar


No hay libertad si no se da la oportunidad al espíritu de conocer su mundo, de experimentarlo, de jugar con él, de re-crearlo.

LIBERTAD no es exactamente hacer lo que se quiera, como si se tratara de seguir un impulso arbitrario y ciego. La libertad solo es tal cuando se trata LIBERTAD DE ELECCIÓN propia (y de respeto hacia la elección ajena, no lo olvidemos). Pero solo se puede ejercitar la elección entre las alternativas conocidas: NO SE PUEDE ELEGIR ENTRE LO QUE NO SE CONOCE. Por lo tanto, la primera y gran tiranía que puede sufre el ser humano es la IGNORANCIA.

No hay libertad sin CONOCIMIENTO porque solo el conocimiento amplía las opciones y la posibilidad de elegir la que más nos convenza o la que más nos plazca. Por esta razón es tan importante que a los jóvenes se les eduque en un ambiente que promueva su CURIOSIDAD y el placer por DESCUBRIR, evitando (en la medida de lo posible) una temprana afiliación a las modas y corrientes de masas que tan sutilmente fomentan el PENSAMIENTO ÚNICO y que, indirectamente, coaccionan la libertad y la dignidad individual del ser humano, propia y ajena.

Tampoco hay libertad cuando se vive temeroso, pues el miedo confunde a la razón y coarta al espíritu humano de tal manera que sus opciones se reducen, y sus decisiones pueden no corresponderse con sus verdaderos deseos e intereses. Pero hay que aclarar que la madre del miedo es, en primer lugar, la propia IGNORANCIA, que engendra también la FALTA DE CONFIANZA en uno mismo y una actuación apocada.

La libertad ejercida dentro de una comunidad que refuerce al ser humano individual (huyendo de dogmatismos y pensamientos únicos) siempre será una LIBERTAD REFORZADA. Al contrario, una libertad que se ejerza en una comunidad con aspiraciones de homogeneidad y que, por tanto, penalice la individualidad y la discrepancia (una trágica constante en el comportamiento humano) siempre será un LIBERTAD VIGILADA, COARTADA Y ESTERIL.

Vivir no solo es recibir el conocimiento. De hecho, el conocimiento solo puede ser considerado como tal cuando se INTERIORIZA (hasta ese momento solo es INFORMACIÓN), para lo cual resulta imprescindible un detenido análisis mediante la reflexión. Una vez interiorizado está listo para ser usado.

¿Y cómo se usa el pensamiento? De VARIADAS MANERAS: para contrastarlo con otras fuentes, para aplicarlo en nuestra vida diaria en la medida en que nos resulte útil y, especialmente, para construir nuevo conocimiento sobre estos cimientos: ¡para desplegar nuestro INGENIO y CREATIVIDAD! La creatividad es la experiencia suprema del ser humano; la que da mayores satisfacciones a nuestra existencia. La creatividad, en la medida de nuestras capacidades, es el fin supremo de nuestra vida.

Siendo así las cosas, es responsabilidad de todos fomentar el PLENO DESARROLLO DE LAS FACULTADES propias y ajenas, y poner los medios para que cualquier persona pueda desarrollar, libre y responsablemente, todo su POTENCIAL CREATIVO. Ganaremos los seres humanos en CALIDAD Y SATISFACCIÓN DE VIDA, y ganarán nuestras organizaciones y sociedad en PRODUCTIVIDAD y equilibrio.


Emilio Muñoz
Homo Novus
(original autentificado)