“…somos tan ignorantes
que creemos que “éxito” equivale a felicidad”
Martha Beck (1962 - …). USA
“Una extraña y opresiva sensación invade los tiempos actuales:
la sensación de estar incompletos. (…) Andamos llenando
y rellenando los días como buenamente podemos,
sumidos en un estado de ansiedad que se agranda por momentos”
José Carlos Ruiz (1975 - …). España
“La mirada fija en el objetivo a alcanzar no permite ya entender
la alegría de los pequeños gestos cotidianos ni descubrir
la belleza que palpita en nuestras vidas:
en una puesta de sol, un cielo estrellado, la ternura de un beso,
la eclosión de una flor, el vuelo de una mariposa,
la sonrisa de un niño. Porque, a menudo, la grandeza
se percibe mejor en las cosas simples”
Nuccio Ordine (1958 – 2023). Italia
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| Foto de George Liapis en Unsplash |
Sin embargo, nos causa tanto temor ser rechazados que nos convertimos en seres extremadamente vulnerables al propio rechazo y al fracaso en cualquier actividad, ya que la imagen que proyectemos puede alejarnos de una sociedad cuyos miembros aspiran a verse asociados con el éxito, directa o indirectamente, debido al poder de atracción y arrastre que genera.
El primer problema es que nuestras sociedades han hecho de “lo difícil” la medida del éxito. Especialmente de las conquistas materiales y del seguimiento popular, dejando fuera de la ecuación del éxito la fidelidad a unos ideales nobles (virtuosos) y el goce de las experiencias sencillas de la vida (incluidos los momentos de soledad, disfrutando de uno mismo).
Hemos puesto en manos de terceros la medida de nuestro éxito como seres humanos, así como la satisfacción de ser amados. Hemos desplazado el centro de gravedad de nuestra personalidad a lo que es valorado socialmente, que, además, difícilmente puede hacer feliz, ya que se centra en cuestiones materiales.
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| Foto de elnaz asadi en Unsplash |
La popularidad nunca será un elemento valioso en nuestra vida. Quienes la consiguen sin perseguirla y sin adorarla, la ignoran. Viven sin ella y la evitan. Crean ricos mundos personales con unas pocas personas con las que mantienen una estrecha relación afectiva.
Quien persigue la popularidad como valor humano siempre termina perdido, desconcertado, agotado y profundamente insatisfecho.
Encontrar el amor implica empezar por la autenticidad de ser fiel a uno mismo y mostrarse como se es, sin adornos ni artificialidades. Cualquier opción que renuncie a ello solo tiene una conclusión: la infelicidad.
Y dejo unas preguntas en el aire: ¿Qué camino enseñamos a los niños y adolescentes respecto a esta cuestión? ¿El camino del amor o el camino de la popularidad y el éxito? ¿Estamos dándoles las bases adecuadas para que sean felices en su infancia, en su adolescencia y en su vida adulta?
Emilio Muñoz
Homo Novus...
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