domingo, 16 de agosto de 2009

RENACIMIENTO: ¿UN SUEÑO DESMENTIDO? (SEGUNDA PARTE)




“Un gran milagro es el hombre...”

“Magnum miraculum est homo...”

Giovanni Pico della Mirandola (1463 – 1494)




Sandro Botticelli - Venus
No es de extrañar que estos hombres de los que estamos hablando se pusieran metas extraordinariamente exigentes. El entusiasmo es una droga con efectos secundarios, y el exceso de optimismo -o el exceso de confianza- se encuentran entre ellos. No debe olvidarse que el Renacimiento fue un movimiento culto, protagonizado por un grupo reducido de personas, y seguido de forma muy limitada por sus contemporáneos, que prácticamente continuaban viviendo en la Edad Media. Por esta razón, fuera de las elites que vivieron el Renacimiento como tal, la participación de la sociedad fue escasa y nunca se produjo un movimiento de masas. Tampoco hubo un gran cambio de mentalidad en la sociedad y en el ser humano de la época.

En otras palabras, el alcance de los cambios que consiguió el hombre renacentista fue siempre limitado, al contrario que la fe y el entusiasmo que puso en ello. Coincido totalmente con Rafael Argullol en la existencia de ese desaliento, el “del despertar tras un sueño desmentido”. Era el desaliento de quien se había propuesto revolucionar el mundo y, al final, se encontraba con un mundo que vivía de espaldas a sus realizaciones. Nada más humano y comprensible desalentarse…

Sin embargo, estamos obligados a mirar la historia con perspectiva y capacidad de penetración. Si lo hacemos así, sacaremos dos conclusiones muy enriquecedoras:

La primera conclusión es que los logros alcanzados, aún tardando mucho tiempo en ser asimilados por la sociedad, fueron enormes y duraderos. No solo hubo una revolución en el arte, la arquitectura, la ciencia… también la hubo -y esto es mucho más importante- en la mentalidad, aunque este cambio fuera más lento y progresivo. A partir de entonces, el ser humano renovado que proyectó el Renacimiento, se constituyó en referente de cualquier renacimiento, del espíritu positivo y de la energía inagotable. Y su ejemplo perdurará por los siglos de los siglos…

La segunda conclusión es que cualquier revolución -cualquier renacimiento- que afecte a la mentalidad del tejido social (valores, aspiraciones, gustos, visiones…), requiere del derroche de una energía extraordinaria en pos de unas metas -casi- imposibles. Y todo ello para conseguir unos resultados que solo fructificarán limitada y lentamente.

Es cierto que los grandes cambios sociales (los que afectan al conjunto de la sociedad) solo se producen lentamente y después de superar grandísimos escollos, especialmente los que se refieren a nuestro natural conservadurismo, escepticismo y falta de interés. Por así decirlo, quien este motivado en revolucionar el lento avance del devenir humano, debe plantearse lanzar la escala a treinta metros de altura para conseguir asegurarla a diez modestos metros.

Las realizaciones del ser humano en el Renacimiento fueron sencillamente extraordinarias. Extraordinarias por lo conseguido en la propia época y extraordinarias por la semilla tan fecunda que sembraron o el ejemplo imborrable que dieron. Simplemente, iniciaron un giro que por muy modesto que se pueda considerar, cambio el mundo a mejor.

Tal vez, los protagonistas del Quattrocento italiano sintieron ese desaliento por el sueño desmentido, y fue así porque usaron una vara descomunalmente alargada para medir sus realizaciones. Pero si tomamos como marco de referencia el bien que hicieron a la humanidad, solo podemos estar orgullos y alegres por esos extraordinarios seres humanos.

Ellos ciertamente son la base de la confianza que siento por mí mismo, por el mundo en el que vivimos y por la posibilidad cierta de que precisamente este mundo vuelva a dar un giro que mejore aspectos como el respeto a la naturaleza y a todos los seres vivos o la solidaridad y la cooperación entre todos los pueblos. Por ellos siento un exacerbado orgullo y un agradecimiento sin límites. Un orgullo que me hace iniciar confiado el día, que me permite caminar altivo allá por donde paso y que me motiva a contagiar mi entusiasmo y una sana ambición sin límites a cualquiera que encuentro a mí alrededor.

Cualquier cosa que nos propongamos es posible… aunque nosotros no seamos los primeros en conseguirlo… Lo que siempre podremos hacer es marcar el buen camino. En eso estamos…

Emilio M.
Homo Novus

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