"Quizás me preguntes por qué copio tantas frases
de Epicuro, más de las que copio de cualquier otro
de nuestra propia escuela. ¿Puedo responderte a mi
vez con otra pregunta? ¿Por qué los llamáis epicúreos?
Ellos pertenecen al mundo entero."
Lucio Anneo Séneca (4 a.C. - 65 d.C.),
pensador estoico
pensador estoico
Debo reconocer que EPICURO fue el filósofo de la antigüedad griega cuyo pensamiento -práctico -más que teórico- más me sorprendió e influyó. Después de algún tiempo leyendo todo los que caía en mis manos sobre él (ya hace más de veinte años de aquello) o escrito por él mismo (poca cosa nos ha llegado) comencé a llamarle -creo que con toda justicia- EL FILÓSOFO DE LA AMISTAD, pues ésta fue su enseñanza más destacada que nos legó: la amistad entendida como convivencia, presidida por el AFECTO y el APOYO MUTUO, y alentada por el GOCE HUMILDE, SERENO Y AGRADECIDO de los PEQUEÑOS PLACERES que pone la vida a nuestro alcance.
Todo ello (y mucho más) lo fundió en un sistema de pensamiento que lleva su nombre -el EPICUREÍSMO- y lo difundió en una escuela, la maravillosa y justamente llamada DEL JARDÍN. Esta temática -la del "cómo vivir"-, y no otra, será el OBJETO DE LOS ESCRITOS QUE LE DEDIQUE, no desde un punto de vista histórico, sino por su valor para entender y enfrentar el mundo actual desde una PERSPECTIVA HUMANISTA Y EXISTENCIAL: ese "SABER VIVIR" del que, a veces, hablamos y que tanto necesitamos precisar.
Su PENSAMIENTO y PRAXIS fue una respuesta a la problemática del mundo que le tocó vivir. Epicuro vivió entre e año 341 a.C. y el 270 a.C., fundamentalmente en ATENAS, de la que no era originario. Ese era un mundo -el griego- cuyo momento de mayor esplendor (la Atenas de PERICLES, en el siglo V a.C.) quedaba ya muy lejos. Al contrario, la época en la que vivió Epicuro estaba presidida por una progresiva DECADENCIA -más material y de poder que moral- de las CIUDADES-ESTADO GRIEGAS, dominadas por la MACEDONIA de los herederos de ALEJANDRO MAGNO, a quienes los helenos de su tiempo consideraban más como extranjeros que como griegos. Lo cierto es que las ciudades griegas -agotadas sus energías después de siglos de continuas luchas entre ellas mismas- habían pasado el testigo de la historia a nuevos pueblos emergentes (no mucho tiempo después también llegarían los romanos -sobre el 200 a.C.)
Emilio M.
Homo Novus




