lunes, 7 de diciembre de 2009

TRANSPARENCIA: CONOCER LA NATURALEZA HUMANA


“Nuestra conducta es la única prueba
de la sinceridad de nuestro corazón”
Charles Thomson Rees Wilson (1869 - 1959)


Te extrañará lo que te voy a decir, mi joven amiga, pero debes saber que tu cuerpo entero es expresión de lo que eres: cada semblante, cada pliegue de tu piel, cada detalle que dejas inadvertido, cada postura, cada palabra, cada mirada… Y la forma en que gesticulas, en que te mueves, en que hablas, en que miras… Te expresas también en lo que no dices, en lo que no haces, en lo que no miras… Y te defines en lo que rechazas, en lo que odias, en lo que amas o en lo que temes… Todo habla de ti… En cada segundo de tu vida hay una sinfonía de gestos que muestra tu esencia, digna de ser escuchada.

Y ¿cómo llegar a entender el sutil lenguaje del movimiento y de todo lo mutable? ¿Cómo comprender al ser humano? ¿Cómo comprenderte a ti misma? Es muy fácil: bastará con que te sumerjas a fondo en la piel y en el alma de unos pocos seres humanos para que cualquier otro te resulte familiar y cercano. Pero deberás entregarte total y rotundamente en cada uno de sus detalles -incluso los más ínfimos y aparentemente intrascendentes-, hasta sentir su grandeza y su miseria, hasta extasiarte en su alegría y asfixiarte en su dolor… hasta creer que tú ya no eres tú misma. Algo muy fácil, pero que requiere de una voluntad extraordinariamente generosa. Algo tan fácil como difícil, pero que puede cambiar tu vida por completo.

No esperes, sin embargo, conocer a nadie por completo. Si pones el debido empeño, conseguirás conocer aquello que complace a tu curiosidad, a tu naturaleza y a tu bien. Cuanto más alimentes tu curiosidad y más satisfecha se vea tu naturaleza, mayor conocimiento alcanzarás del ser humano ajeno.

Por último, no olvides que el camino más directo al conocimiento del hombre es el conocimiento de uno mismo, aunque tal vez sea este el camino más lleno de maleza, por cuanto lo que no perdonamos en el ser ajeno lo pasamos por alto en nosotros mismos.

Descubrir -sea lo que sea- es siempre un viaje lleno de emociones. Desvelar la naturaleza humana es una travesía apasionante. Nuestro futuro -el de cada uno de nosotros y el de la humanidad en su conjunto- será merecedor de la grandeza o estará abocado a la miseria en función de lo bien que hagamos dichos recorridos ineludibles. Bien lo sabían los antiguos maestros…

Emilio M.
Homo Novus

3 comentarios:

Ruth dijo...

Sin duda conocerse a uno mismo es uno de los mayores retos de nuestra vida. Yo por mi parte trato de por lo menos no engañarme a mí misma, que algo es algo, pero aún así a menudo sigo sorprendiéndome a mí misma en muchos aspectos. Y a medida que me voy conociendo un poquito más voy desechando las certezas, y esto también me asombra, porque yo creía que al hacerse mayor uno cada vez iba adquiriendo mayores certezas, y en ellas veía yo la madurez, pero me doy cuenta día a día, que con el paso de los años aumentan las sospechas sobre las certezas.

Besos mi querido amigo.

Emilio M. dijo...

Ciertamente es curioso, Ruth. Un niño está lleno de certezas. Y un adulto se va llenando de relatividades a medida que llega a la vejez. Las apariencias engañan...

Todo mi cariño para tí, Ruth.

Montse Viver dijo...

Bien hallado este Homo novus "novus", me alegro que vuelva otra vez.
Las certezas a mi entender, caducan, no tanto por la edad sino por la evolucion personal de cada uno. hay quien a los veinte ya no cree en nada y otros a los ochenta, conservan todavia algunas certezas que les acompañan desde siempre.
Cada persona es un mundo!
Me alegra volver a este blog tan inspirado y lleno de belleza como siempre, gracias Emilio.
Un abrazo