miércoles, 2 de febrero de 2011

NOTAS SOBRE EPICURO, EL FILÓSOFO DE LA AMISTAD (8) DEL PLACER DE HACER EL BIEN


"Existe un mismo tiempo
para el nacimiento del máximo bien
y para el de su goce"

"Exhortaciones". 16.
Epicuro (341 a.C. - 270 a.C.)

Porque el alma humana se llena de placer y goza sin límites cuando es portadora y creadora del máximo bien. Y, al contrario, se atormenta sin remedio cuando en sus entrañas engendra el mal, el perjuicio, el dolor...

Porque nuestro espíritu se enciende maravillado cuando mira con ternura y trata con profundo afecto, o cuando tiende la mano y arropa la vida en su sencilla expresión. Y goza también del conocimiento y compartiendo su riqueza con otros seres -humanos o no- en sana y plácida entrega.

El egoísmo, el rencor o el odio tienen un fruto amargo para quien lo cultiva, porque dañan la vida ajena y, al mismo tiempo, destruyen la propia confianza y la propia paz. Con el daño infringido nos convertimos en deudores del perdón ajeno. Desplazamos el centro de gravedad de nuestra vida a seres ajenos.

Por el contrario, haciendo el bien -ese bien que sólo depende de nuestras decisiones y actos- cultivamos el frondoso árbol de la amistad y del afecto, fuente de todo placer. Nosotros cumplimos con nuestra parte del trato y la vida recompensa nuestra dedicación. Es entonces cuando nuestro bienestar depende sólo de nosotros mismos.

Solo en la paz de saber que no somos la razón del mal ajeno, y en la dicha de ser la razón de la alegría que nos rodea, encontramos la mejor de las excusas para vivir plácidamente. Solo cuando arropamos con nuestro cariño somos arropados por la vida, que se conjura para enriquecer cada uno de nuestros minutos. Y sólo el perdón nos libera del mal ajeno y propio, y nos permite disfrutar de todos los dones que encontramos a nuestro alcance. El camino se despeja...

Emilio M.
Homo Novus

5 comentarios:

MORGANA dijo...

Sólo el perdón nos libera del mal ajeno.¡¡Cuanta verdad en tus palabras,amigo mío.!!
Quiero consultarte algo.
Ahora que me mudo de casa ,quisiera postear una carta preciosa que me enviaste ,si quieres digo tu nombre o no ,cómo tu prefieras.
estoy intentando hacer lo que me dices y parece que algo de estabilidad estoy encontrando,pero es muy difícil.
Un millón de gracias por todo.
Besos a tu alma.

Emilio M. dijo...

Gracias por tus palabras, querida amiga. La paz de espíritu no depende de nadie más que de nosotros mismos, de saber poner cada cosa en su sitio, de saber elegir lo que nos importa y de saber desprenderse de aquello que nada enriquece nuestra vida: tristeza, dolor, rencores y envidias -propios y ajenos-. Saber perdonar y saberse perdonar a uno mismo.

La vida es como una sinfonía de miles de instrumentos y cuando todos ellos encuentran la armonía, el resultado es sobrecogedor. Bien merece intentarlo cada día. Si lo intentas, seguro que lo conseguirás.

Puedes publicar lo que quieras amiga. Dejo a tu buen criterio, citarme o no. Lo que te parezca bien estará bien.

Mi deseo de que mejores en esa estabilidad que buscas, y que la salud te respeto lo suficiente como para seguir dando salida a tan bellas inquietudes.

Un gran abrazo, amiga siempre.

Ruth dijo...

Es muy cierto todo lo que dices, pero no por ser cierto deja de ser fácil. Hay mucha esencia y mucho que destilar en tus palabras o en las de Epicuro, en la simbiosis de los dos.

Besitos.

Emilio M. dijo...

Ciertamente nada es fácil, sobre todo por esa dificultad que tenemos los seres humanos de ser dueños de nuestro destino. Somos un manojo de sentimientos en contradicción y el sabio lo es precisamente por haber sabido separar el grano de la paja y por haber sabido orientar esa anacronía de impulsos en la misma y mejor dirección.

Vivir es aprender y aprender es vivir.

Un gran abrazo.

Emilio M. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.